‘Yo siento que la canción panameña es un lugar de referencia para entender nuestros contextos históricos, culturales y sociales’, explica Vlieg. ‘También es una manera de conocer la realidad de los autores que las escribieron, lo que pasa alrededor de ellas y cómo los panameños hablamos de la vida, el amor y la realidad que vivimos como país’.
Sacar adelante este proyecto no fue sencillo, ya que implicó un arduo trabajo de investigación. Vlieg, de formación musical contemporánea, tuvo que descubrir por su propia cuenta la sonoridad panameña, empaparse de sus letras, dejarse llevar por el ritmo particular de su tambor, comprender sus décimas, apreciar el arte improvisado de la saloma y ahondar en los sonidos originarios para empezar a definirla: “Mientras que los folcloristas lo saben de tanto probar, nosotros tuvimos que escribir la receta de la música tradicional panameña”, explica la cantautora.
Luis Lorenzo
Y es que justamente ese era el propósito. Darle un nuevo vestido a esas canciones de siempre, aquellas que tanto nos alegran o entristecen porque están llenas de recuerdos, evocan una feliz niñez, o el recuerdo de aquellos que ya no están; la emoción del primer amor o un sabor muy especial, como el de la Cabanga.
Para la cantora panameña, ‘no se conoce profundamente a una tierra si no se conocen sus canciones’, y por eso ellas deben estar frescas y vigentes. Son parte de nuestra panameñidad, nos definen.
Esther Arjona